viernes, 3 de junio de 2011

LOS LIBROS POR EL MUNDO







Leen desnudas y causan furor 

en Nueva York

¿Quién dice que la literatura es aburrida? No para los habitantes de Manhattan, que una vez al mes disfrutan de las bellas que leen sin tapujos



¿Quién dice que la lectura es aburrida?
Y puede ser más amena si lo hacen por los “lectores” bellas mujeres desnudas, mientras quienes escuchan (y ven) beben una copa en un ambiente relajado.
Se trata de la propuesta de 'Naked girls reading', una experiencia única para disfrutar textos de Shakespeare, Oscar Wilde o Henrik Ibsen una vez al mes en Nueva York.
Uno de esos días, unas 30 personas -en su mayoría jóvenes parejas y grupos de hombres- aguardan en un pequeño salón con viejos sillones clásicos y lámparas con tela roja en el primer piso de un bar del barrio de Greenwich Village, en el corazón de Manhattan.
De pronto, cuatro chicas en bata y tacones entran y suben a un pequeño escenario con un gran diván y donde las espera un micrófono con pie.
La gente aplaude, incluyendo a un hombre maduro que hasta el momento leía plácidamente el periódico junto a su compañera.
"¡Bienvenidos! Me gustaría empezar presentándoles a nuestras chicas desnudas que leerán esta noche", anuncia Nasty Canasta, una joven de cabellera roja y silueta afinada, artista del género neoburlesco, que lidera a la troupe.
A continuación, Gal Friday, Sapphire Jones, Tansy y ella misma se quitan las batas y como Dios las trajo al mundo comienzan a leer pasajes que han seleccionado sobre autores famosos y no tanto, en este espectáculo de "literatura completamente frontal".
‘La importancia de llamarse Ernesto', del escritor británico Oscar Wilde, o 'Casa de muñecas', del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, son algunos de los libros elegidos para esta velada dedicada al teatro y en la que las cuatro chicas exhiben un verdadero talento oratorio, aunque eso sea lo de menos.
En la audiencia hay carcajadas ante diálogos picantes o muy inteligentes, pero también un silencio atento y hasta momentos de emoción, por ejemplo cuando Sapphire Jones dedica un texto de Shakespeare a su abuela, fallecida dos semanas atrás.
"Me gusta narrar historias y esta es la manera en la que lo hago. Me siento cómoda desnuda. Me siento alegre haciendo esto", cuenta Nasty Canasta al final de las lecturas, que duran casi dos horas con un intervalo.
A su lado, Gal Friday asiente y recuerda que se puso "nerviosa" la primera vez que leyó desnuda en público, pero que ahora ya ni se da cuenta de ello.
"Cuando uno ve un desnudo por primera vez dice: '¡Oh, hay una chica desnuda!' Pero luego, cuando empezamos a leer, se siente cómo las miradas suben", agrega con una risotada Friday, que como muchas de las chicas tiene experiencia en teatro.
La idea de 'Naked girls reading' nació en Chicago en marzo de 2009 de la mano de Michelle L'Amour, una conocida artista estadunidense del género neoburlesco.
"Mi marido me encontró una vez sentada en el sillón leyendo desnuda. Digamos que se vio inspirado por la imagen. Empezamos a reír acerca de hacer 'Naked girls reading'.
Luego pensamos 'Mmm, quizás es un buena idea', y compramos el sitio en internet", cuenta L'Amour.
Michelle contactó luego con Nasty para que produjera el espectáculo en Nueva York, que tuvo su primera lectura en octubre de 2009 y por ello prepara un gran evento en dos meses para celebrar el segundo aniversario.
Actualmente, el espectáculo se produce en varias ciudades estadunidenses y algunas europeas, como Londres y Copenhague.
"Las lecturas están ahí para lograr que la gente se excite por la literatura. Usted puede escuchar bella literatura mientras observa a mujeres hermosas. Es una combinación perfecta", explica L'Amour.
La elección de las chicas lectoras requiere por supuesto ciertas aptitudes, según Nasty Canasta. "En su mayoría es gente que conozco y que está dispuesta a estar desnuda y leer. Mucha gente se siente cómoda con una cosa u la otra pero no con ambas", asegura.
Para los espectadores, que despiden a las chicas con un cerrado aplauso, el resultado es convincente.
"Estuvo maravilloso. Cuando empezaron a leer, me olvidé de que estaban desnudas", dice Ellen Snare, una abogada de 32 años que presencia por primera vez el espectáculo.
"Creo que fue muy potente. La elección de los pasajes fue muy buena", concluye, tras asegurar que le aconsejará venir a descubrir el espectáculo a sus amigos.



CULTURA › FORO INTERNACIONAL POR EL FOMENTO DEL LIBRO Y LA LECTURA

“Somos lo que hemos leído, y también lo que nunca leímos”

Escritores, editores, académicos, bibliotecólogos, traductores, ilustradores, pedagogos y comunicadores participarán a partir de hoy de este tradicional encuentro chaqueño motorizado por Mempo Giardinelli. Habrá mesas, conferencias y mucho debate cultural.

Por Silvina Friera/Diario Página 12. Argentina



Mempo Giardinelli

Todos los caminos conducen a Resistencia. Si algún escéptico aún duda de que en la capital chaqueña hay un encuentro cuyo combustible y materia prima es la promoción de la lectura, en la brevísima pausa que media entre dos parpadeos debería revisar el itinerario. “Leer abre los ojos.” Esta bandera, tan sencilla como vigorosa, levantó Mempo Giardinelli cuando regresó de su exilio mexicano y comenzó a predicar en un paisaje quebrantado y anestesiado por la última dictadura militar. El tema –entonces– no cotizaba en ninguna bolsa de valores culturales. Ni siquiera figuraba como nota al pie de las agendas educativas. El empeño sostenido, la convicción soberana de cosechar y sembrar y el sudor de un trabajo a pulmón no fueron en vano en la ruta hacia una nación lectora. Como todos los años, escritores, editores, académicos, bibliotecólogos, traductores, ilustradores, pedagogos y comunicadores se sumarán al cuchicheo de la imaginación y el murmullo de las ideas que elevarán la sensación térmica en las mesas, conferencias, tertulias y debates del 16º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que Giardinelli inaugurará hoy a las 17 en el Domo del Centenario. Alonso Cueto (Perú), Eduardo Heras León (Cuba), Hugo Mujica, Samanta Schweblin, Cecilia Pisos, Claudia Masin, Hernán Brienza, Diego Golombek, Iris Rivera, Orlando Van Bredam, Judith Gociol y Claudia Piñeiro –a cargo del cierre– participarán de esta gran movida literaria del nordeste argentino, que se prolongará hasta el próximo sábado.
El encargado de abrir las discusiones en esta edición del foro, organizado por la Fundación Mempo Giardinelli –candidata al IBBY-Asahi Reading Promote Award 2011, el premio global más importante en la especialidad–, será José Castilho Marques Neto, director saliente del Plan Nacional de Lectura de Brasil, quien en su conferencia magistral de apertura brindará un panorama de los desafíos comunes que enfrentan los países de Latinoamérica para garantizar a sus ciudadanos el derecho a leer. Más de mil personas asistirán a los plenarios y talleres, en los que se explorará qué capital cultural deviene de la práctica de la lectura, aun cuando no nos propongamos leer para aprender. Y más de mil estudiantes entrevistarán en sus propias escuelas a los autores invitados. “Un país que no lee cercena su futuro. Personas y pueblos somos lo que hemos leído, pero también somos lo que nunca leímos”, dice el escritor chaqueño a Página/12.

–¿Qué cuestiones en torno del fomento del libro y la lectura se modificaron gracias a los foros?
–Yo empecé a trabajar en esto a mediados de los ’80, cuando hacerlo parecía un exotismo. De modo que visto ahora es evidente que cambiaron muchas cosas y para bien. La primera reacción positiva fue que otras ciudades quisieron organizar foros sobre el tema, incluida Buenos Aires, que creó un congreso en paralelo a la Feria del Libro. Nosotros, entretanto, hacia 1999 vimos que no alcanzaba con debatir y entonces creamos un voluntariado para trabajar en programas concretos con el objetivo de dar de leer. Así empezamos el Programa de Abuelas Cuentacuentos; después el de Pediatras Voluntarios; luego el de Amigos Lectores, y comenzamos a llevar autores a las escuelas, donde previamente estimulábamos a maestros y alumnos para que leyeran textos de quienes luego iban a visitarlos. La verdad es que la sociedad nos respondió muy bien y el foro creció velozmente, tanto en cantidad de asistentes como en calidad de ideas. Hoy podemos decir, con orgullo, que aquel ejemplo prendió y que la fundación contribuyó a crear conciencia sobre la importancia de la lectura, que hoy está incluida en todas las agendas culturales y educativas de nuestro país.
–¿Y también colaboraron en el debate de la nueva Ley Nacional de Educación?
–Sí. Cuando el anteproyecto empezó a circular y a debatirse en todo el país, nos dimos cuenta de que el verbo “leer” no existía en el texto. No había ninguna mención a la lectura. Entonces trabajamos muchísimo por la inclusión de la promoción de la lectura en la nueva ley. Logramos esa inclusión en el texto y propusimos a los ministerios de cada provincia que se recomendara la lectura compartida cotidiana en las escuelas, y en gran medida logramos influir para que se crearan planes y programas estatales que garanticen el derecho a leer. Hoy, en algunas provincias, se replican nuestras propuestas. Y en cierto modo, sí, podría decirse que todas esas ideas nacen de este foro anual.
–Aunque la difusión de la lectura está más extendida que a mediados de la década del ’90, ¿qué falta imaginar y hacer para llegar finalmente a ser un país que lee?
–Yo diría que estamos en un momento de transición: hay políticas nacionales, provinciales, municipales y de todo tipo de entidades. La verdad es que se trabaja mucho por la lectura y los acervos de las bibliotecas populares y escolares se van actualizando. Hay muchas propuestas para que se lea más, y existen normativas provinciales que disponen tiempos específicos para leer en la escuela. Y aunque ya se observan algunos primeros frutos, persisten algunas dificultades para acordar una política nacional al respecto, no homogeneizadora y que respete las diferencias regionales, pero que sí acuerde la adopción de líneas de acción comunes. A la Nación le es muy difícil acordar sus políticas con todas las provincias, y no sólo las referidas a la lectura. Y ésas son rémoras del desastre educativo que hizo el menemismo con su falso federalismo. Cuando siguiendo una de nuestras propuestas, el Ministerio de Educación de la Nación propuso que se leyera todos los días unos minutos en cada aula, sólo unas pocas provincias adoptaron la medida. En el Chaco eso sucede y se ven los resultados, que son notables.
–¿Hay mediciones confiables sobre los índices de lectura?
–No, todavía no tenemos mediciones regulares sobre lectura. Hace años que nuestra fundación propone que se haga una encuesta nacional de lectura regular, cada año, para ver cómo evolucionamos. La última es de 2001. Tengo entendido que ahora se trabaja para implementar una próxima encuesta, pero no debería ser una investigación aislada. Todo país necesita saber cuánto leen sus habitantes, porque un país que no lee cercena su futuro. Personas y pueblos somos lo que hemos leído, pero también somos lo que nunca leímos.
–En una entrevista en 2005, también por el foro, dijo que el problema de la lectura no es de los chicos, sino de los adultos que no leen. ¿Sigue siendo así o tal vez ahora los adultos, los maestros, leen más y comparten con sus hijos y alumnos?
–Para saberlo con exactitud es que necesitaríamos de esas encuestas e investigaciones sistemáticas. Pero mientras tanto mi respuesta sigue siendo la misma y es ridículamente sencilla: si ya somos un país convencido de la importancia de la lectura, ahora lo que falta es que todos y todas se pongan a leer, no sólo los chicos. Y sobre todo, no encajándoles a ellos la responsabilidad. Son los maestros, los bibliotecarios y los papás y mamás los que deben leer. Y también los funcionarios, los dirigentes, los empresarios. El drama de este país es que los adultos no leen. Incluso es evidente que muchos profesionales, de diferentes disciplinas y actividades, dejaron de leer. Y se les nota. De donde es obvio que los chicos no tienen ninguna culpa ni responsabilidad si no leen. Son los grandes los que dan el ejemplo, y si el ejemplo en muchos hogares es hacer zapping como idiotas o detenerse en Tinelli, los maestros no pueden revertirlo. Y menos cuando los maestros también están cautivos de la telebasura. Por lo tanto, es el Estado el que debe garantizar el derecho a leer, y no sólo con políticas educativas, sino también con la asistencia de recursos como la ley de medios, por ejemplo.
–¿Pero entonces qué es lo que ha cambiado favorablemente?
–La conciencia que hoy tiene nuestra sociedad, en primer lugar. De haber sido una nación lectora hace medio siglo, pasamos al terror, la censura y la persecución. El paradigma de ascenso social que eran el libro y la lectura fue destruido, y se lo sustituyó por el paradigma de facilismo, especulación e individualismo que todavía está vigente en algunos sectores. La reconstrucción en democracia está en marcha y sus resultados son notables, pero es una tarea muy lenta. Hoy sabemos que las próximas generaciones de maestros y bibliotecarios estarán mejor formados, gracias a los nuevos paradigmas de lectura, a los recursos y tecnologías que se están asignando al sector, a la existencia de nuevos acervos en las escuelas y sobre todo a la inclusión del fomento de la lectura en la carrera docente. Sin duda, ése es el camino, y vamos bien. Y hoy se lee mucho más que hace diez o veinte años, aunque no tengamos las mediciones que reclamamos para certificarlo.
–Dentro de la cadena que va del libro al lector, ¿qué rol cumplen hoy las bibliotecas y los bibliotecarios? Como intermediarios, ¿afinaron la puntería y las estrategias para arrimar el libro a cientos de chicos?
–Muchos lo hicieron; otros no tanto. Todavía hay bibliotecas escolares que ponen a la cuota de cooperadora, que debe ser voluntaria y no obligatoria, como excusa para que los libros no circulen. Todavía hay kioscos de golosinas dentro de las bibliotecas, lo que es una costumbre nefasta que hace que en el recreo los chicos vayan a la biblioteca a comprar alfajores y no a elegir qué leer. Hay todavía funcionarios que no sacan de las cajas los libros que el Estado les envía. Y hay quienes no los entregan cuando en realidad esos libros son para que los chicos se los lleven a sus casas. Hay de todo y también en estas materias estamos bien encaminados, pero falta muchísimo. Por eso sostengo que la caída en los índices de lectura que provocaron la dictadura y el menemato no se revertirá en poco tiempo. Aunque a la vez es evidente que lo estamos revirtiendo, ¿se entiende? Lo importante es que somos muchos, muchísimos los que trabajamos para esto. También son miles los bibliotecarios y maestros que aman la lectura y dan el buen ejemplo.

LAS LETRAS, CON ACTUALIDAD ENTRAN

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 09/08/2011


El 31 de agosto se acaba el optimismo veraniego: bienvenidos al desierto de lo real. Eso que en Francia llaman rentrée y que en España no acaba de quitarle del todo el protagonismo a la inefable "campaña del libro de texto" llegará este año con el barro de todas las tormentas (las económicas y las otoñales) pegado a los zapatos de la literatura. Ya sea de ficción o no. La intrahistoria de la era Obama -a unos meses de las elecciones estadounidenses- y nuestras tragedias laborales -a unas semanas de las españolas- alternan en la parrilla editorial en el mes en que se conmemora el décimo aniversario del 11-S, aquel martes en que el mundo supo trágicamente que la historia no había terminado en 1989 en Berlín.

- La novela del mes. Si la literatura fuera como el fútbolLibertad (Salamandra), de Jonathan Franzen, sería uno de esos partidos del siglo que se juegan cada cierto tiempo. Cuando esta novela de 600 páginas se publicó en Estados Unidos hace un año la revista Timele dedicó la portada a su autor, algo que solo habían conseguido escritores como Joyce, Nabokov o Salinger. En su caso, además, el titular era rotundo: "El gran novelista americano". El hecho de que Obama se interesara por el libro antes de su aparición ya había puesto bajo los focos a un narrador que atesoraba dos medallas: el National Book Award por su novela anterior, Las correcciones (Seix Barral), y haber rechazado la invitación para salir en el programa de televisión de Oprah Winfrey. Para algunos Libertad es la primera novela del siglo XXI. Para otros, la última del XIX. Los primeros se basan en su contenido: la historia de una familia de Minnesota que con el cambio de milenio pasa de acercarse al ideal para convertirse en una fábrica de sospechas. Los segundos, entretanto, subrayan un modo de narrar ese contenido que acerca a Franzen a autores como Tolstoi, Dickens o Balzac. Para ambos, la novela como género sigue siendo la historia privada de las naciones. En este caso, la más poderosa del planeta. Un lugar en ocasiones ideal, sospechoso en otras.

- La confesión del año.

Tan voluminosa, y tan ambiciosa, como la novela de Franzen es otra de las grandes apuestas del nuevo curso: Yo confieso (Destino), de Jaume Cabré. Si la duda en el caso del estadounidense, que cambia de editorial, es si los lectores españoles responderán tan bien como sus compatriotas, en el caso del autor catalán, y en catalán, lo es si este relato de formación servirá para que se conozca en toda España la obra de un autor traducido a casi 20 lenguas -es uno de los tesoros de la alemana Surkamp- y que ha ganado casi todos los premios, entre ellos el prestigioso Méditerranée a la mejor obra extranjera publicada en Francia en 2004.

- Días laborables. Uno de los jóvenes autores españoles que mejor ha sabido armonizar la ambición en la forma y la contundencia en los temas, la historia de la vida privada y la de la vida pública, es Isaac Rosa, autor en 2004 de El vano ayer, una de las grandes obras sobre el antifranquismo. En septiembre, Rosa publicará su cuarta novela, La mano invisible (Seix Barral), una aproximación desde la ficción al mundo laboral que podría tener su cara testimonial en El muelle de Ouistreham (Anagrama), de Florence Aubenas. En su reportaje, la periodista francesa narra su experiencia durante los días de 2007 en que, tras estallar la crisis, se inscribió en el paro poder contar desde dentro el cruce de explotaciones y humillaciones a las que son sometidos muchos trabajadores. Los de la limpieza, por ejemplo. Como ella.

- Francia, a lo suyo. Hay, no obstante, otra Francia y casi toda estará en Anagrama, que desembarca apostando por nuestros vecinos (Beigbeder, Roudinesco). La estrella más rutilante es Michel Houellebecq con El mapa y el territorio, novela ganadora del último premio Goncourt después de que el autor de Las partículas elementales despotricara durante años contra el galardón. Al final se lo llevó con su ácido retrato del mundo del arte contemporáneo en el que él aparece como personaje: "Un autor agradable de leer", escribe de sí mismo.

- Una década sin nombre. Los hechos son subversivos (Tusquets), es el título del nuevo libro de Timothy Garton Ash. Su subtítulo: Ideas y personajes para una década sin nombre. Esa década es la que empezó en 2000 y quedó marcada un año después por los atentados del 11-S. El historiador británico, experto en Europa del Este, es profesor en Oxford y en Stanford (EE UU). Si a esto se le une que el suyo es uno de los estilos más transparentes, rigurosos y bienhumorados del panorama intelectual de nuestro tiempo, su colección de ensayos y reportajes es una garantía de sugerencia y pensamiento libre. A riesgo de sonar a sinergético, sus artículos semanales en este periódico bien valen un euro veinte. Aunque marcado por los atentados de Nueva York, el libro incluye una aproximación a la película La vida de los otros que es mucho más que una anécdota: el propio Garton Ash fue espiado por la Stasi durante sus años de estudiante en Berlín. Lo contó magistralmente en El expediente (Tusquets).

Hablando de la película, el historiador escribió hace dos años que, por contraste con la posguerra, hoy los alemanes tenían mejor protegida su privacidad que los británicos. Algunos le acusaron de tremendista. Murdoch ha terminado dándole la razón.

- El hueco del World Trade Center. "El siglo XXI nació sin anestesia", dice la periodista Ana Pastor en el prólogo a Nueva York, 8:45 A. M. (Errata Naturae), una antología de reportajes y artículos plagada de premios Pulitzer que, tesela a tesela, completa un mosaico que va del 11-S a la muerte de Bin Laden pasando por Afganistán e Irak, Bush y Obama, Washington y Guantánamo. Lo firman nombres como Bob Woodward, Judith Miller o Amy Goldstein. El arranque en vivo del siglo vio también cómo el periodismo tradicional se veía sacudido por la contribución de una fuente inédita y, por momentos, inagotable: WikiLeaks. También en septiembre, Seix Barral recupera Underground, una historia particular del ciberactivismo escrita en los años noventa por Julian Assange y Suelette Dreyfus. En una nota a la edición española Dreyfus se pregunta: "¿Hemos alcanzado un momento en que solo los curiosos y los imprudentes podrán salvarnos del Estado vigilante y del Estado secreto?"

- Imperialismos. Como todo imperio tiene su antiimperialista, ahí está Noam Chomsky (RBA) con su particular contribución al análisis de la política mundial a partir de los atentados contra las Torres Gemelas. Como la historia explica muchas veces lo que la actualidad no alcanza a explicarse, Jane Burbank y Frederick Cooper publican Imperios (Críticas), de Roma a Estados Unidos pasando por China o la Unión Soviética, un caso este, a cuyo declive dedicó David Remnick, director de The New Yorker y biógrafo de Obama, su crónica La tumba de Lenin, que aparecerá en Debate.

- Primavera árabe, otoño español. La primera revolución democrática del mundo árabe, la acontecida en Túnez, ya tiene quien la explique: Sami Naïr, que publica simultáneamente en árabe, francés y español La lección tunecina (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), un libro tejido con entrevistas a los que encendieron una llama que todavía sigue encendida. De algo más al este llegan los relatos de un clásico vivo, el cairota Alaa Al Aswany, opositor a Mubarak y autor del celebérrimo El edificio Yacobián. Su libro Deseo de ser egipcio (Mondadori) reúne una serie de cuentos que las autoridades de su país rechazaron con el argumento de que contienen "opiniones subversivas al tiempo que se burlan de los valores de la sociedad egipcia, el Estado y la Patria".

- El resto es literatura. La actualidad, la historia y la memoria mandan en el otoño casi tanto como eso que llaman "los mercados". De las tres cosas hay en Esperanza (Roca), la crónica biográfica en la que Jesús María Santos retrata a Esperanza Pérez, una española de Cuba que terminó viendo cómo su hijo engrosaba la lista de los desaparecidos en la Argentina en la dictadura militar. Por lo demás, una de las mesas de novedades más poblada será la de los ensayos literarios con Juan Benet (Lumen), Umberto Eco (Debate), Zadie Smith (Salamandra), Orhan Pamuk (Mondadori) o T. S. Eliot (Lumen). Además, un inédito inesperado: el Diario anónimo escrito por José Ángel Valente entre 1959 y 2000 (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores).

Por el lado de la imaginación, el otoño verá llegar a las librerías los cuentos completos de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral), Manuel Rivas (Alfaguara) y, en 2.500 páginas y tres tomos, los de Pirandello (Nórdica). También relatos -Carolina Grau- publicará Carlos Fuentes, que hace doblete con el monumental volumen La gran novela latinoamericana (Alfaguara), un panorama que va de los tiempos de la conquista a Juan Gabriel Vásquez. Sin olvidarse, por supuesto, del boom de los años 60. "Nosotros queríamos contar lo que la historia no había contado", dice el escritor mexicano refiriéndose a su generación. "Los autores que vinieron luego ya no tenían esa pretensión". Algunos, no obstante, todavía la conservan. Y llegan en septiembre.


Les comparto a continuación un texto proveniente del blog literario del diario El País. Muy recomendable. Les dejo la página web para que lo visiten: http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/ 

 

El verano literario de tu vida

Por: Winston Manrique Sabogal29/07/2011

Sorollabalandrito01
¿En qué episodio o pasaje descrito en una novela o cuento te hubiera gustado o te gustaría vivir? Esa es la pregunta que formulo a ustedes, los lectores de Papeles perdidos, y que servirá de prólogo a la serie Veranos literarios que empezará este lunes 1 de agosto. Es el segundo año que propongo, en este blog de Babelia, que visitemos los periodos estivales narrados por algunos de nuestros escritores preferidos. Y qué mejor manera de inaugurar este viaje que soñando nosotros mismos con ser testigos de cuerpo presente en libros, capítulos o pasajes veraniegos de obras literarias. Un recorderis a algunos de estos veranos puede ser viendo la serie del año pasado en la cual comenté, y comentamos todos, 19 veranos de ficción que pueden ver pulsando aquí.
A este prólogo de la serie, que ahora mismo están ustedes escribiendo con sus comentarios, se han unido cuatro escritores que quieren compartir con nosotros ese sueño de vivir en un verano de ficción: Javier Reverte, Clara Sánchez,  Francesc Seres y Ángeles Caso. Empezamos con Javier Reverte, un gran periodista, viajero y escritor que ha vivido muchos y variados veranos de verdad en diferentes lugares del mundo. Reverte, que ha publicado recientemente En mares salvajes. Un viaje al Ártico (Plaza yJanés)nos cuenta su verano de ficción y por qué; escuchémoslo y viajemos un momento con él: "Yo siempre he imaginado, aunque Homero no nos lo diga, que Ulises cruzó en su barco frente a la isla de las Sirenas un mes de verano. Y a mí me hubiese gustado estar a su lado, atado al mástil de la nave, y oyendo el canto de aquellos seres hermosos y terribles, las sirenas, que prometían a los viajeros revelarles todos los secretos de la vida, para atraerlos a sus costas y devorarlos. Iría, ya digo, como Ulises, atado, mientras sus compañeros remaban con tapones de cera en los oídos. ¡Quién no querría haber escuchado el canto de las sirenas!."  El año pasaso uno de los veranos literarios fue precisamente la Odisea que puedes ver aquí.

A Clara Sanchez le emociona y conmueve El jardín de los Finzi-Contini, de Giorgio Bassani.  "Uno de los lugares más hermosos y nostálgicos, melancólicos, evocadores y mediterráneos de toda a literatura. Desde la primera página ya está presagiando el desastre de la belleza que contiene, tanto de paisaje como moradores, y del encanto de la aristocracia y riqueza de esa familia. Me encanta y me emociona. Me identifico con ese narrador que no es alguien de la familia y es más pobre que ellos, con capacidad para abducirnos con esa belleza decadende que a mí me conmueve". Este es el verano literario de la ganadora del premio Nadal 2010 con Lo que esconde tu nombre (Destino).

Por su parte Francesc Seres, que este año ha publicado Cuentos rusos (Mondadori), prefiere un verano con olor a mar. Su verano literario estaría entre Pessoa y Stevenson: "Está en el poema que escribió el poeta portugués con su heterónimo Álvaro de Campos Oda marítima, que dice:

Solo, en el muelle desierto, en esta mañana de verano,
miro hacia la entrada del puerto, miro hacia lo Indefinido,
miro y me alegra ver,
negro, claro, pequeño, un paquebote que entra.
Está todavía lejos, nítido, clásico a su manera.
Deja en el aire distante una orla de humo tras de sí.
Viene entrando y la mañana entra con él, y en el río,
aquí, allá, despierta la vida marítima,
se izan velas, avanzan remolcadores,
surgen barcos pequeños detrás de las naves que están en el puerto.
Sopla una suave brisa.

Me gustaría estar sentado en el muelle desierto, en ese tiempo irreal, en el verano eterno que describe Álvaro de Campos en la Oda marítima. Es un verano ubicuo, total, surcado por barcos que se desplazan lentamente, como el paquebote que entra en el muelle y que se aleja para convertirse en esa goleta que aparece a mitad del poema y que luego sabemos que es la Hispaniola, el barco del verano para siempre que es La isla del tesoro. Que Pessoa necesitase el libro de Stevenson para alejarse me parece entrañable. El verano de Álvaro de Campos en la Oda marítima es un tiempo de huída. Tantos destinos diversos que se le pueden dar a una vida que, en el fondo, siempre es la misma, nos dice. Hoy, el barco continúa alejándose y Álvaro de Campos sigue en el muelle pero también en cubierta".

Ángeles Caso prefiere pasarlo con Karen Blixen a los pies de las colinas de Ngong en Memorias de África: "Me gustaría estar en su compañía, en la plantación con ella porque siento auténtica pasión por ese libro y por el África Subsahariana, y en sus páginas se juntan todo eso y la forma de relacionarse de ella con la naturaleza". Precisamente este libro de Isak Dinesen fue uno de los que abordé el año pasado en esta serie  y que puedes leer aquí.  Así sería el verano literario de esta escritora que obtuvo el premio Planeta 2009 por Contra el viento.

¿O acaso caminar por las campiñas de la mano de Austen en Orgullo y prejuicio? ¿O aventurarse con Don Quijote en los campos de Castilla, contados por Cervantes?¿O presenciar el agosto en que se desata la sexual y cruel apuesta de Las amistades peligrosas, de Choderlos Delaclos? ¿O navegar con Melville tras Moby Dick? ¿O visitar a Dinesen a los pies de las colinas de Ngong en Memorias de África? ¿O caminar por el Nueva York de Wharton en La edad de la inocencia? ¿O ver cómo se vive Coetzee la década de sus 30 años en Verano?

En fin, tantos periodos estivales eternizados por la maestría de escritores de todo el mundo. En muchos de ellos he estado cuando los leía, en varios de ellos me hubiera gustado vivir. Seguro que ustedes también. ¿En cuál de ellos, y por qué?

Imagen: Balandrito, de Joaquín Sorolla.


SENIOR SERVICE, BIOGRAFÍA DE UN EDITOR


La vida del gran editor Giangiacomo Feltrinelli resume de modo trágico y ejemplar los efectos que el pensamiento revolucionario produjo en los intelectuales europeos de los años 60 y 70. En Senior Service (un homenaje a la vez a la marca de cigarrillos que fumaba y a la figura paterna) Carlo Feltrinelli, su hijo, reconstruye magistralmente la paradójica y compleja trayectoria de su padre.

Hombre riquisísimo y refinado, comprometido políticamente y fundador en 1955 de la editorial que lleva su apellido, Giangiacomo se convirtió en un terrorista de izquierdas y murió a los 46 años en 1972, tras dos años de clandestinidad, al explotarle una bomba con la que planeaba dejar sin luz a medio Milán. La clave de su biografía se halla, en gran parte, en su vida privada: que tuvo una infancia solitaria e infeliz, marcada por el probable suicidio del gran empresario que fue su padre y por la figura imponente de su madre. Para él las lujosas villas, los yates y los descapotables no eran incompatibles con su adhesión al comunismo y más tarde a la guerrilla.

Tras siete años de investigación y redacción, su hijo Carlo arroja una iluminadora luz sobre la vida llena de claroscuros de su padre. Pone en manos del lector no sólo la valiosa correspondencia del editor a la vez con autores, como Pasternak, Lampedusa, Nabokov o García Márquez, y editores como Gallimard o Rowohlt, sino también documentos inéditos sobre sus atribuladas actividades políticas: despachos airados de la KGB tras la primera edición mundial en su editorial de El doctor Zhivago; la relación y la ruptura con el PC italiano; las frecuentes visitas a su amigo Fidel Castro; y las incursiones guerrilleras (entre otras, su célebre estancia con el Che en Bolivia). Carlo hurga asimismo en los servicios secretos italianos y en los expedientes que la CIA abrió al «agente castrista más activo de Europa».



El sector editorial se instala en la crisis y cae un 7% en 2010

EL LIBRO DIGITAL DESPEGA, PERO SÓLO EN MATERIAS COMO DERECHO Y ECONOMÍA

J. RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 05/07/2011             



Ya no es sarampión pasajero sino enfermedad crónica. El sector editorial español cae por segundo año consecutivo. Si en 2009 la facturación cayó solo un 2,4%, en 2010 la caída fue de un 7%, lo que devuelve la industria del libro a las cifras de 2004. Se rompe pues la tendencia histórica que hacía de ese mundo un planeta aparte en el proceloso universo de la economía. "Cuando algunos sectores crecían un 30% o un 40%, nosotros no crecíamos tanto, pero tampoco bajábamos cuando la bajada era general", dijo ayer Antoni Comas, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), en la presentación de los estudios sobre el comercio del libro en 2010.

La palabra clave de ese informe es descenso, y toma cuerpo sobre todo en dos aspectos clave: las ventas de libros de texto y las compras de las bibliotecas públicas. Las primeras caen un 7%. Las segundas, un 43,7%. No es extraño, pues, que Comas se resigne a que la crisis general afecte a su gremio pero arremeta, por un lado, contra la que considera una "política errática" de las autonomías que impulsan una "gratuidad malentendida" de los libros de texto -es el caso del préstamo institucional en Andalucía, Aragón y Castilla-La Mancha- y, por otra, contra el incumplimiento de los convenios de adquisición para las bibliotecas -el Ministerio de Hacienda bloquea el presupuesto de las comunidades excesivamente endeudadas, lo que les impide completar la dotación aportada por el Ministerio de Cultura-.

Por lo demás, sigue creciendo el número de títulos publicados (79.839) aunque la tirada media pasa de 4.328 a 3.790, un ajuste favorecido por las nuevas técnicas de impresión, que permiten que sea rentable tirar ediciones de 500 ejemplares donde antes hacían falta 2.000.

También sube el libro electrónico, aunque lo hace con muchísimos matices. Ese formato experimentó un crecimiento del 37,5% hasta representar el 2,4% del total de la facturación del sector. Eso sí, el 68,9% de esa subida hay que adjudicarla a materias como el derecho y la economía. Sin ellas, las cifras hubieran permanecido congeladas. "Hoy por hoy en España no hay mercado para el libro digital", dijo Antonio María Ávila, director ejecutivo de la FGEE. ¿Por qué? "Porque Internet tiene los precios más altos de Europa y porque el IVA para un libro electrónico es del 18% frente al 4% del papel. También porque las tabletas, que no pasan de 2.000 en España, todavía son caras". De hecho, el 68,1% de los usuarios utiliza el ordenador como dispositivo de lectura.

Si la mala noticia es el mercado interior, la buena lo es el exterior: las exportaciones del sector crecieron un 3,5% el año pasado. Y México sigue siendo el principal mercado extranjero para los libros españoles. La tormenta está dentro de casa.



FINALIZA LA FERIA DEL LIBRO INDEPENDIENTE


México, 29 Jun. (Notimex).- Con la entrega de los premios a "Los mejores libros del 2010", anoche concluyó la segunda edición de la Feria del Libro Independiente en las inmediaciones de la Librería "Rosarios Castellanos" del Centro Cultural Bella Época, en esta ciudad.
Organizada por la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI), con la ayuda del Fondo de Cultura Económica (FCE), el objetivo fue exhibir, promocionar y difundir los volúmenes publicados por sellos independientes nacionales, que debido a sus limitados recursos no consiguen una apropiada distribución.
En el acto, el jurado integrado por los escritores Humberto Musacchio, Pablo Moya, Gerardo González y Ricardo Polenz, reconocieron a siete publicaciones en las categorías: Ensayo, Poesía, Teatro, Edición artesanal, Narrativa, Infantiles y Arte.
En la primera se reconoció a "Papeles falsos", de Valeria Luiselli Valbnia Lusi, en la editorial Sexto Piso; en Poesía la distinción fue para "Población de la mascara", de Francisco Hernández, en Almadía, y en Teatro se reconoció al libro "Prendida de las lámparas", de Elena Guiochins, de la casa Juan Pablos.
Por lo que hace a Edición artesanal, se reconoció a "El Sol verde", de Yaxkin Melchy en la editorial 2.0.1.2; en Narrativa a "El reloj de Moctezuma", de Pablo Soler Frost, en Aldus; en Infantiles la autora Kiara Kere ganó por su texto "Un día", y en Arte el ganador fue "Títeres trashumantes", de Mario Martín del Campos, los dos últimos de Petra Ediciones.
Al tomar la palabra, Musacchio celebró el que editoriales independientes reúnan sus obras y se comprometió a trabajar más para que en la próxima edición "tengamos una feria mucho más impactante, difundida, con mayores ventas y publico".
Reconoció que las categorías que se establecieron eran excelentes para un certamen literario, pero no para uno que premia lo mejor de las casas editoriales.
"Por eso, espero que el siguiente año haya algunas variantes en la convocatoria, para que el premio sea para aquellos que elaboran el libro y no quienes lo escriben", indicó.
En su oportunidad, el director del Fondo de Cultura Económica (FCE), Joaquín Díez Cañedo, agradeció a los editores participantes en esta segunda edición del encuentro libresco y añadió que la institución a su cargo apoyará este tipo de iniciativas.
Bajo el lema "Lee diferente", durante 14 días sellos independientes de reconocimiento, como Almadía, Sexto Piso, Libros de Godot, Ediciones El Naranjo y Ediciones del Ermitaño, compartieron espacio con editoriales emergentes.
Entre éstas destacan Ficticia Editorial, Editorial Resistencia, DGE Equilibrista, Quimera Ediciones, Red Vértice, Parentalia Ediciones o Editorial Verso Destierro.
Todos juntos en una serie de jornadas que impulsaron la publicación autónoma en filosofía, narrativa, ciencias sociales, cuento, poesía, teatro, pintura, ensayo y fotografía.
En el marco de la feria se realizaron, además, presentaciones de libros, mesas redondas, firmas de volúmenes y sesiones con experimentados cuenta cuentos.
Las publicaciones reconocidas estarán a la venta un mes en las librerías del FCE.

Stendhal y Astrud en el mismo libro

Una nueva generación de autores abraza con éxito el pop para el ensayo

XAVI SANCHO - Barcelona - 28/06/2011




"Me hizo mucha ilusión la situación: el 'afterpop se encuentra con el 'pornopunk'. Con su decisión, los miembros del jurado, que son ensayistas, pusieron en común dos libros que, mas allá de sus evidentes diferencias, comparten algunos aspectos que en general están infravalorados, como la atención a las cuestiones de género o la lectura de los objetos de consumo en clave biopolítica". Eloy Fernández Porta recuerda así como, hace poco más de un año, su obra Eros. La Superproducción de los afectos, enmarcada en la categoría afterpop, creada y liderada por él mismo, ganó el Premio Anagrama de ensayo. El finalista fue Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría, de la burgalesa Beatriz Preciado. Ninguno de los dos autores rebasaba la metafísica barrera de los 40. Más que el palmarés de uno de los premios de ensayo más prestigiosos de este país, aquello parecía la programación de un club o el cartel de un festival alternativo. ¿Qué habían cenado los miembros del jurado?

 Eloy Fernández Porta

Un año más tarde, Jorge Fernández Gonzalo, poeta y estudioso que aún no ha alcanzado la última frontera de la juventud (los 30) resultaba finalista del mismo premio con una obra, Filosofía zombi, en la que se mezclaban Blanchot, Baudrillard, George A. Romero o The walking dead, resultando en un ensayo de naturaleza recia a partir de algo tan, aparentemente, blando como los muertos vivientes. "La obra camina por un terreno aún poco abonado; es un lugar de paso entre lecturas académicas y cultura pop. Si el ensayo pop está bien hecho, cambiará nuestra concepción del ensayo. Si no, será una moda más que acabará por dar la razón a quienes la desdeñaron", apunta Gonzalo al respecto de cierto cambio de paradigma anunciado por el éxito de una serie de propuestas de ensayo a partir de parámetros asociados a las subculturas y utilizando las posibilidades significativas de la cultura pop.


Pablo Muñoz

Estos autores no son los primeros en apuntar nuevas vías (por esta senda transitaron ya Jordi Costa, Francisco Casavella o Guillem Martínez), pero tal vez sí los primeros en poder forzar cierta crisis dentro del academicismo ensayista y en la forma en que los grandes medios perciben aún la realidad pop. Si las canciones no les convencieron, tal vez sí los ensayos. "Se suele reducir lo pop a una cuestión de referentes nominales y de nivel cultural, y así se difunde la absurda idea de que es un asunto generacional que diferencia a jóvenes de mayores", apunta Eloy Fernández Porta. Para el escritor, "el término pop es usado principalmente para apuntalar una jerarquía de los bienes culturales, de los referentes y de la edad". Según Gonzalo, "somos demasiado sectarios en cuestiones literarias. Lo veo mucho en poesía, que es el género en donde me he formado, y algo menos en novela, teatro o ensayo. Pero está ahí: nos aferramos a nuestra tradición literaria, a nuestros métodos de análisis y a nuestra ideología, y somos poco considerados con el resto de alternativas".

Tal vez la tensión entre alta y baja cultura sea irresoluble, pero las fronteras entre ambas aproximaciones están cada día menos claras -ya lo predijo Luis Cobos al mezclar tecno y clásica-, más cuando aparece un chaval de 22 años y, sin ningún tipo de pudor, decide entrar en el universo literario a través de un brevísimo ensayo confesional de poco más de 60 páginas titulado Padres ausentes. "¿Mi idea? Evitar la novela, la más desnuda expresión literaria concebida, como inicio. Con un ensayo autobiográfico todo la honestidad puede convertirse en un relato más elegante y fluido. Con la novela no quedan ya engaños o tretas. Todo está ahí, en el artificio y su verdad", dice Pablo Muñoz (alias Alvy Singer), estudiante, bloguero y ensayista.

De alguna manera, y confirmando la idea que apuntaba Porta al respecto de que lo pop va más allá de lo nominal o lo turístico, el ensayo aferrado a lo más popular de nuestra cultura moderna, no solo amenaza con abrirse paso dentro del género, sino con apoderarse de los códigos que hacían hasta hoy de la novela o incluso la canción como forma primordial de expresión del género. Incluso uno de nuestros literatos más abiertamente pop, Kiko Amat, acaba de publicar Mil violines, su libro de ensayos dislocados y confesionales. Eso sí, como con todo lo contemporáneo, hay que ir con cuidado y no confundir cambio con moda. Como dice Muñoz: "Hay una conciencia de que ciertas formas de expresión han alcanzado potencia y sofisticación, pero hay dos tentaciones: la de adoptar la lectura como algo indefectiblemente cool, y como tal sujeto a que la moda lo convierta en anacrónico, y la de adoptar la lectura del fan, celebratoria y acrítica. Hay que separar el grano de la paja, ser honesto".


Pinche tequila

Contra las corrientes de los revolucionarios impolutos, ya hay una contracorriente que avisa que detrás de la revolución viene la suciedad. En esta línea se inscribe Decencia, comprometida, sin embargo, con una ética de la escritura y la revisión de los mitos históricos de México.
                                                          libros
                                                                                DOMINGO, 19 DE JUNIO DE 2011





La vida de Longinos Brumell: eso cuenta Decencia, por ejemplo. Longinos es un niño rico que tiene trece y vive en Autlán –oeste de México, a 190 kilómetros de Guadalajara– cuando cae a ese “pueblo de las orillas del mundo” la mismita lengua de ola de la Revolución de comienzos del siglo pasado y entonces aquel status que supo mantener don Porfirio Díaz durante tantos años se va de madre en medio de balaceras, éxodos de servidumbre y patas sucias que vienen a ocupar el rancho familiar. La alcurnia del apellido, sin embargo, servirá a los suyos para instrumentar una venta, alguna inmunidad que permita sobrevivir con defensas al derrumbe, compartir buenos negocios con los militares en el poder. El del tequila flojo y barato, por ejemplo, etiquetado añejo y embotellado fino para los paladares suaves de los de la Capital.
La esencia detrás de palabras como familia, amor, cultura, revolución, poder: de eso también cuenta Decencia, por ejemplo. Esos asuntos que componen y atraviesan a Longinos, que ha vivido infancia en Autlán y luego entre Guadalajara y México, ciudades de distinto calibre en las que se asomará al cine y a los bares de ambiente en los que toca el piano Agustín Lara. La estructura que dispone Alvaro Enrigue es impecable y dará su hora sobre el final de la novela, articulada por dos carriles que entrecruzan sus conectores temporales y de sentido: Longinos contando su propia historia en primera persona, por un lado, y por otro este protagonista, ya viejo, visto en tercera en el presente de 1973, hastiado de esposa e hijos, con una rutina apática que de pronto se altera, porque mientras camina frente al consulado norteamericano se encuentra con dos tipos que le sacuden un bombazo a los gringos y, de paso, por testigo, lo secuestran. Ahí se pone en marcha lo que se llama una road movie, en principio con un cuarteto conformado por el viejo y una célula guerrillera –con alguna experiencia en otros países latinoamericanos– compuesta por los hermanos tirabombas y su mamá, doña Juana, que carga en su bolso el tejido y las pistolas. Los diálogos a bordo del auto que esquiva cercos policiales cada vez más estrechos, la musicalidad de la prosa de Enrigue y la complejidad de una trama armándose como un rompecabezas llevan y llevan, páginas adelante, sin que falten el humor ni el espanto.


Decencia también puede ser un relato sobre las negociaciones asociadas al dinero y el amor, a la muerte y los ideales. En la vida de Longinos, Enrigue las dispone como nudos (para desatar, agarrarse, trepar) en la cuerda del suspenso. Con el general Antón Cisniegas, aquel que había llegado al frente de la lengua de la Revolución para negociar con su padre la venta del rancho, ese que luego se acomodó mejor liquidando a sus antiguos compinches revolucionarios, por ejemplo, Longinos tendrá varios cruces posteriores, que involucran incluso al secuestro. Con el teniente coronel Jaramillo, por sumar otro ejemplo y por seguirla, entrará en el curro del tequila trucho y en el roce creciente con la Flaca Osorio, mujer deseada cuando chico y ahora esposa del milico, expectativa de amor. Y con los revolucionarios del presente que lo tienen secuestrado, por anudar un último ejemplo, para zafar de la encrucijada.
Si en las aguas de la literatura latinoamericana ya se ha tildado como lugar común a la corriente de los héroes épicos e impolutos, libertadores y revolucionarios, no faltará demasiado para que cristalice el caudal de una corriente adversa, que postula que en todo revolucionario (o defensor de sus causas) late un pinche cabrón que acomodará sus convicciones e incluso las invertirá apenas llegue a una edad o a un escalafón más cómodo. No es que falten ejemplos, claro. ¿Dónde estará la decencia, entonces, en Decencia? ¿En la sinceridad de Longinos al contar su propia vida? ¿En los pactos cumplidos entre caballeros que contarán billetes? ¿En la forma del hueco que dejan las palabras? Quizás, mejor, en la visión al parecer auténtica que el propio Enrigue tiene de su época y la de sus personajes, en el ejercicio comprometido –por usar una palabra que acaso no le gustaría– con su propia escritura.


LITERATURA › A 25 AÑOS DE LA MUERTE DE JORGE LUIS BORGES

Espejos y máscaras del inmortal

Cuatro escritores argentinos –Edgardo Cozarinsky, Sylvia Molloy, Juan José Becerra y Guillermo Martínez– aceptan el convite de revisar el inventario borgeano, rehuyendo tanto la monumentalización complaciente como la estampita escolar.
Por Silvina Friera/Diario Página 12



El apellido de un escritor puede evocar una beatitud inaccesible o ser sinónimo de una autoridad reverencial hasta la náusea. La obra, en cambio, flirtea con un porvenir cuyo engranaje se va articulando al andar de las sucesivas lecturas. A 25 años de su muerte, Borges a secas –como si en el camino se hubiera despojado del acaso barroco o folletinesco Jorge Luis– cifra un puñado de coordenadas móviles y moldea una autonomía literaria abierta a las múltiples miradas de los lectores. Más allá de la saturación, la repetición y hasta la deliberada pereza intelectual por reproducir un libreto que condenaría al museo textual las mejores páginas del autor de Otras inquisiciones, cuatro escritores aceptan el convite de revisar el inventario borgeano, rehuyendo la monumentalización complaciente y la estampita escolar. Desde un umbral de cierta “incorrección” pertinente para conjurar “la placa bruñida”, Sylvia Molloy sugiere aprender a ver a Borges como veía Pierre Menard a Cervantes: como un escritor “contingente”, “innecesario”, para volver a leerlo. Edgardo Cozarinsky repara en un único texto desperdigado “en innumerables fragmentos contradictorios”, que solos no representan la complejidad de una obra. Juan José Becerra plantea la existencia de “literaturas autónomas” que quizás hayan surgido de la onda expansiva de Borges, como las de Ricardo Piglia y César Aira, para convertirse en “otra cosa”. Guillermo Martínez rechaza las simplificaciones académicas que postulan a un Borges como organizador o divisor de aguas del canon y propone rescatar un puñado de lecciones que no deberían perderse de vista, como la precisión, el papel de la corrección, la búsqueda del adjetivo certero y la ambición de llegar a una forma “última y perfecta”.

“Esto, señor, es una digresión”

“Borges es el hecho radiactivo de la literatura argentina –afirma Becerra–. Lo único que se puede hacer al respecto es escapar de él. Si hay un horizonte borgeano, ese horizonte está atrás; es el horizonte que preferimos no ver. Aunque está claro que por acción de fuga u omisión de su importancia, Borges sigue siendo una presencia fuera de lo común. Pero es bastante visible que a la hora de escribir los escritores argentinos, en general, prefieren la negación de Borges, hacer como si nunca hubiera existido, antes que someterse a la tragedia artística de descubrirse teniendo una vida o una obra borgeana.” Cozarinsky, en diálogo con Página/12, destaca que siempre lo cautivó “una imagen de la literatura, o la historia, o la filosofía, o el cine, como un único texto desperdigado en innumerables fragmentos, aun contradictorios, que solos no la representan ni juntos la agotan”. Al listado de prodigios borgeanos también agrega otra enumeración medular. “Borges borroneaba con elegancia, hace más de sesenta años, los bordes del ensayo y la ficción; leemos Otras inquisiciones como libro de ensayos porque se nos presenta como tal, pero algunos de sus textos –‘La muralla y los libros’, por ejemplo– no son menos ficciones que ‘Examen de la obra de Hebert Quain’ o ‘Tres versiones de Judas’”, compara el autor de La novia de Odessa. “Además, no sólo esas lábiles categorías pueden deslizarse, confundirse, sino que podemos leer como literatura textos que no pretenden pertenecer a esa augusta disciplina, pero donde un ardid narrativo, una felicidad de adjetivación, confieren a alguna crónica periodística o histórica, una anotación en un diario de viaje, un exabrupto –el famoso ‘Esto, señor, es una digresión; espero su argumento’ de un doctor Henderson, citado por De Quincey, a quien en una discusión le arrojaron un vaso de vino a la cara–, una dignidad de la que son huérfanos muchos esforzados ejercicios que aspiran a la literatura. Atento a la variedad del mundo, el joven Borges lo estuvo a las inscripciones de carro y a las letras de tanto en tanto, como a la Encyclopedia Britannica.”

Las guerras ilusorias

El interrogante sobre si la literatura argentina, aun la “menos borgeana”, lleva la firma del autor de El Aleph continúa flameando en el horizonte de un modo dispar y objetable. “Nunca creí en la tesis que sostiene que Borges divide líneas u organiza la literatura argentina o es el centro de un sistema, o proyecta su sombra terrible –aclara Martínez–. Me parecen las típicas simplificaciones erradas de una mirada académica que cree, en primer lugar, en algo tan discutible como que existe un sistema literario argentino y, en segundo lugar, que el interés principal de los escritores sería escribir obras en alianzas u oposiciones unos contra otros, como si fueran ejércitos en ese tablero imaginario de soldaditos trazado por ellos.” El autor de Crímenes imperceptibles plantea que basta pensar que hasta que Borges cumplió sesenta y pico de años, con casi toda su obra escrita, “se lo despreciaba e ignoraba absolutamente en estos mismos círculos, tanto por el carácter ‘no comprometido’ y de juegos ‘estériles y metafísicos’ de sus obras como por sus posiciones políticas”. El hollín de ese pasado de ninguneo es conjurado por la efusión de la efemérides. “No puede decirse que la generación del ’60 haya escrito bajo su influjo o en oposición a él, más allá de que algunos lo admiraran en una relación amor-odio, como prueban los cuadernos de Saer –recuerda Martínez–. Tampoco creo que la literatura de los años setenta pueda pensarse en términos de adhesión o rebelión a la estética borgeana; sería claramente forzado y reduccionista. Sí hubo en los años ochenta, con la figura de Borges y su obra en el cenit de la fama, un intento de ‘juegos de guerra’ para oponerle, primero a Puig, luego a Walsh. Pero por supuesto, otra vez, estas son más bien muestras de las limitaciones de nuestra crítica: ni Puig ni Walsh se propusieran nunca hacer la contraobra borgeana, sino otra cosa. La obra de cada escritor tiene en general mucho más que ver con su vida, sus obsesiones, sus secretos, su infancia, y sus lecturas propias, que con ese juego posterior de clasificaciones y guerras ilusorias que pesan muy poco a la hora de sentarse al escritorio.”

Molloy subraya que cuando se produce una marca tan fuerte como la de Borges tarda mucho en eclipsarse, en transformarse, en traducirse. “El mero impacto de su obra se vuelve referencia inamovible, saturada por lecturas repetitivas y perezosas. La referencia Borges, ya sea la obra o el autor, queda condenada a una suerte de museo textual. Esa monumentalización complaciente de Borges opera en contra de su texto, es decir lo reduce, lo vuelve, como hubiera dicho él, ‘todo para todos, como el profeta’, limitando la posibilidad de una interlocución fecunda”, advierte la autora de El común olvido y Desarticulaciones. “Tenemos que aprender a ver a Borges como veía Pierre Menard a Cervantes, es decir, como un escritor ‘contingente’, ‘innecesario’. Es el mayor de-safío: desplazar a Borges, distraernos de él, inventar su deslectura para volver a leerlo.”

Diversas entonaciones

Becerra estima que hoy se escribe “sin Borges” porque no ha dejado una herencia de la que se pueda “disfrutar”. “La obra de Borges es una línea única y dorada de la literatura argentina que se cortó con él. Me refiero al Borges que escribía ficciones. En cambio el otro Borges, el lector, sí convive con esta actualidad y no sé si directamente no piensa por nosotros”, dispara el autor de Toda la verdad. Molloy vacila: no sabe si hoy se escribe “con” o “contra” Borges. Al fin de cuentas –suscribe– no importa. “Escribimos después de Borges, quien a su vez escribió después de otros, sabiendo que todo ha sido escrito y a la vez no pudiendo dejar de escribir. Borges no cree en la originalidad como tampoco cree en la clausura; ‘el concepto de texto definitivo –escribió– no corresponde sino a la religión o al cansancio’. Cree, sí, en lo que llama la ‘diversa entonación’ de los textos: todo está escrito pero, a la vez, todo está por escribirse, por entonarse de otro modo. Borges cree en la conversación entre textos, que es también conversión, traducción, nueva lectura. El escritor facilita esa conversación: establece nexos, se hace cargo del relevo –explica–. Vale la pena recordar los muchos cuentos de Borges que son, o dicen que son, historias ya contadas, twice-told tales, como los llamaba Hawthorne. No sé si Borges escribe contra un fantasma, más bien creo que se resigna a serlo, asumiendo lo que él mismo hubiera podido llamar la nadería de la autoridad.”

En los renglones del presente, estampar el vocablo herencia en singular obtura los hilos de esas conversaciones que se podrían entablar con sus textos. “La herencia borgeana es tanto una obra como una actitud en la literatura”, dice Martínez, quien rescata como lecciones que no deberían perderse la precisión, el papel de la corrección, la búsqueda del adjetivo certero, la ambición de llegar a una forma “última y perfecta”. Menciona, además, la hospitalidad con la filosofía y las ideas, la erudición y la preferencia por los mundos autónomos de la ficción. “Creo que tuvo un gran valor y un orgullo de la mejor clase para resistir con su programa y su propia estética, en un mundo intelectual que le fue por mucho tiempo muy hostil. Valorizó al relato policial, fantástico y de ciencia ficción a contracorriente de su época –pondera el autor de La muerte lenta de Luciana B–. También es notable su manera desprejuiciada de leer y juzgar a los grandes popes literarios, no importaba si se llamaban Joyce, Goethe, o Shakespeare, nunca se inclinaba incondicionalmente. En los Textos cautivos y en Textos recobrados puede verse en toda su dimensión esta manera personal de ejercer la crítica.”

Más que una herencia, o varias herencias, Molloy prefiere precisar que dejó inquisiciones, para usar una palabra muy suya. “Nos enseñó la necesidad de cuestionar certidumbres, de desarticular planteos demasiado perfectos, de dudar. Borges sabe que hay siempre, para todo argumento, aun los más convincentes, un and yet, and yet, es decir un resto que pone en tela de juicio lo que se ha dicho anteriormente. Y esto desde un comienzo, aun en su obra más temprana. Pienso en un libro para mí crucial, su Evaristo Carriego, que es, de todos sus libros, el que me llevaría a la proverbial isla desierta si me dieran a elegir sólo uno; y pienso en la descripción de la casa de los Borges que aparece al comienzo, el hortus conclusus que es a la vez hogar protector –‘detrás de una verja con lanzas’– y biblioteca familiar ‘de ilimitados libros ingleses’. Pues bien, inmediatamente ese lugar conocido, reconfortante, se ve inquietado por un afuera perturbador, a la vez peligroso y atractivo, el ‘más allá de las rejas’ que es Palermo. Esta desazón que aquí Borges plantea en términos espaciales es emblemática de toda su obra. No hay clausura: hay siempre una salida, un intersticio, una falla que se presta, para citar a su muy leído Henry James, a otra vuelta de tuerca. Y si no parece haberla, nos dice su obra, es porque no sabemos ver.”

Cuesta encontrar epígonos borgeanos en el horizonte literario argentino. “En las nuevas generaciones, la influencia de Borges es nula –opina Becerra–. Pero veo literaturas autónomas que quizás hayan surgido de la onda expansiva de Borges para luego convertirse en otra cosa. Piglia es un ejemplo. En él vemos una aceptación de Borges y también un modo de alambrar su obra, como si dijese: ‘todo bien conmigo, Georgie, pero de acá no pasás’. Me parece que Piglia hace un uso muy sagaz de Borges y encuentra modos útiles de relacionarse con él. Y el otro caso es (César) Aira, que lo que hace es sabotear la máquina borgeana de producir ficción, enloquecerla y superarla. Toma de Borges la especulación como materia prima de la ficción y la lleva a niveles inalcanzables incluso para el propio Borges.” Martínez tampoco alcanza a vislumbrar, al menos entre los escritores argentinos, epígonos de Borges. Pueden, de vez en cuando, asomar algunas pocas influencias, cada tanto una cita aquí o allá, “lo que resulta casi inevitable como tentación para cualquiera que se haya puesto en contacto con su literatura”. Cozarinsky no duda en definir como “fatal” la tentativa de imitar el tono, el vocabulario y la sintaxis de Borges. “Quienes lo intentaron en los años ’40 y ’50 perecieron víctimas de su error. El mismo Borges fue limpiando su prosa del asfixiante barroquismo populista de sus artículos de los años ’20, hasta acceder al tono inconfundible que lo iba a identificar”, argumenta el autor de La tercera mañana. “No veo en las letras argentinas una herencia de Borges que valga la pena señalar, a menos que se trate de una fe inconmovible en la primacía de lo literario. En cambio, en W. G. Sebald, en Danilo Kiš, en Aleksander Hemon, autores más cercanos a mi sensibilidad que mis vecinos, discierno una presencia, a veces tácita, otras declarada, siempre fecunda, de una lectura asidua de Borges.”

Piglia postula en El último lector que quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende sólo de quien la construye sino también de quien la lee. “Nunca está claro en la literatura si es más importante escribir que leer –matiza Becerra–. Lo que hace Borges es poner ambas fuerzas en una relación de equilibrio. Pero se trata de una idea bastante lógica, porque si la ficción no depende en gran medida del lector, entonces leer no sería una experiencia. Sin embargo, una cosa es esa idea, muy democrática y precisa, y otra cosa es el uso que ha hecho Borges de algunas literaturas que no le gustaban y por lo tanto no las sometía a la interpretación sino al desprecio.” Molloy coincide con el análisis de Piglia. “No sólo cree Borges que, pese a que todo está ya escrito, todo puede entonarse diversamente; cree también que todo, a medida que pasa el tiempo, puede leerse diversamente. Para Borges la literatura no es monumento sino hecho móvil.” La escritora y crítica cita al propio Borges para redondear esta interpretación: “Si me fuera otorgado leer cualquier página actual [...] como la leerán en el año dos mil, yo sabría cómo será la literatura del año dos mil”. “En ese hecho móvil participan tanto escritores como lectores: escribir y leer son dos aspectos del proceso, igualmente efímeros, pasajeros, inestables, intercambiables.” Molloy elige recordar las palabras al lector del comienzo de Fervor de Buenos Aires: “Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor”.


LOS LIBROS MÁS VENDIDOS



A continuación la lista de libros más vendidos en varios países latinoamericanos, Estados Unidos, España y Francia:
ARGENTINA:
1 - "Los que están en peligro", de Wilbur Smith
2 - "Betibú", de Claudia Piñeiro
3 - "Caballo de fuego", de Florencia Bonelli
4 - "Los padecientes", de Gabriel Rolón
5 - "Noche de lobos", de Abel Posse
(Fuente: Librería Boutique, del Libro, Clásica y Moderna, Cúspide, Distal, Santa Fe, El Ateneo y Yenny)
BRASIL:
1 - "Liberdade", de Jonathan Franzen
2 - "Cronicas de gelo e fogo, V.1 - Guerra dos tronos", de George R.R. Martin
3 - "Um dia", de David Nicholls
4 - "Patricia - Cartas e versos para a mulher amada", de Beny Schmidt
5 - "Um amor para recordar", de Nicholas Sparks
(Fuente: Livrariacultura)
CHILE:
1 - "El cuaderno Maya", de Isabel Allende.
2 - "Los días del arcoíris", de Antonio Skármeta.
3 - "La elegancia del erizo", de Muriel Barbery.
4 - "Cobra", de Frederick Forsyth.
5 - "En la ciudad de oro y Plata", de Kenize Mourat.
(Fuente: encuesta en principales librerias de Santiago)
MÉXICO:
1 - "Una vida con propósito: para qué estoy en esta tierra", de Rick Warren
2 - "Pequeño cerdo capitalista", de Sofía Macias
3 - "El viaje del Elefante", de José Saramago
4 - "Los suspirantes 2012: Los precandidatos de carne y hueso", de Jorge Zepeda Patterson
5 - "El placer de odiar", de William Hazlitt
(Cadena: Librerías Ghandi)
VENEZUELA:
1 - "La rebelión de los náufragos", de Mirtha Rivero
2 - "Sangre en el diván", de Ibéyise Pacheco
3 - "La República alucinada", de Maye Primera
4 - "El sueño del celta", de Mario Vargas Llosa
5 - "Basta de historias", de Andrés Oppenheimer
(Fuente: Librería Alejandría)
ESTADOS UNIDOS:
1 - "Water For Elephants", de Sara Gruen.
2 - "The Help", de Kathryn Stockett.
3 - "Something Borrowed", de Emily Giffin.
4 - "10th Anniversary", de James Patterson And Maxine Paetro.
5 - "Buried Prey", de John Sandford.
(Fuente: NY Times, libros impresos y digitales)
ESPAÑA:
1 - "Si tu me dices ven lo dejo todo, pero dime ven", de Albert Espinosa
2 - "Para siempre", de Nora Robert
3 - "Las huellas imborrables", de Camilla Lackberg
4 - "El cuaderno de Maya", de Isabel Allende
5 - "Amante mío (La hermandad de la daga negra VIII)", de J.R. Ward
(Fuente: Casa del Libro)
FRANCIA:
1 - "Les écureuils de Central Park sont tristes le lundi", de Katherine Pancol.
2 - "De l'eau pour les éléphants", Sara Gruen.
3 - "La délicatesse", de David Foenkinos.
4 - "Le voleur d'ombres", de Marc Levy.
5 - "La fille de papier", de Guillaume Musso.
(Fuente: Fnac)







Diseñador mexicano lanza poemario visual que evoca a Ramón Gómez de la Serna




El diseñador y escritor mexicano Alejandro Magallanes lanzó un poemario visual cargado de humor en el que combina versos e imágenes inspirado, en parte, en la obra del periodista español Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), creador de las 'greguerías'.
'Yo rescato de él el humor, las imágenes que provoca y la inteligencia que tiene, las observaciones. Él hace aparecer algo donde antes no había nada', dijo a Efe Magallanes, quien presenta estos días la obra '¿Con qué rima tima?' (Almadía, 2011).

'Siempre que lo leo redescubro algo', comenta Magallanes en alusión a Gómez de la Serna, el escritor vanguardista español cuya creación literaria más célebre es la 'greguería', una composición que mezclaba el humor y la metáfora, que ejerció una enorme influencia en los creadores de principios del siglo pasado.

En las 184 páginas de la obra, que su propio autor considera un cruce entre vida cotidiana, diseño gráfico y poesía, hay letras y 'dibujitos', explica Magallanes, quien recurrió a ellos para crear 'un juguete' que debería servir para hacer reír, pensar y disfrutar al lector adulto.

La obra incluye aforismos, imágenes sugerentes y algunas fotos, que gritan al lector que la poesía es mucho más que una combinación de versos.

'A veces decimos los que hacemos imágenes que una vale más que mil palabras, lo cual no es cierto. Mil palabras combinadas, exponenciadas, forman millones de imágenes', asegura el escritor.

En su propuesta, Magallanes insiste en que la poesía nos rodea, 'nos la vamos encontrando en todos los lugares', más a menudo de lo que creemos.

'En Ciudad de México hay poesía en cada uno de sus rincones, ya sea en un árbol que con sus raíces rompe la banqueta (acera), como sobreviviendo. Eso para mí es una imagen poética', sostiene.

Aunque Magallanes asegura que es 'un poco necio' tratar de ilustrar la poesía 'porque las imágenes ya están en las palabras y dentro de la cabeza del lector', en su poemario trata de 'establecer algunas metáforas jugando con la fonética, con el aspecto de las letras, con la forma que tiene la disposición del libro' y 'algunas ironías'.

Aparte de Gómez de la Serna, en la obra hay influencias de otros autores como el catalán Joan Brossa (1919-1998), los mexicanos Efraín Huerta (1914-1980) y José Juan Tablada (1871-1945), y del poeta surrealista Guillaume Apollinaire (1880-1918), creador de los 'Caligramas', importantes exponentes de este tipo de lírica.

Magallanes (1971) es diseñador orientado a productos culturales como carteles, animaciones y libros, y autor de siete títulos de literatura infantil.


Príncipe de Asturias por las letras

Una insólita decisión del jurado otorga a Leonard Cohen el galardón literario

DIEGO A. MANRIQUE - Madrid - 02/06/2011

Leonard Cohen
Leonard Cohen (Montreal, 1934) recibió ayer una grata sorpresa: la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras. A partir de los ochenta, el canadiense ha sido objeto de innumerables distinciones a ambos lados del Atlántico, aunque generalmente otorgadas por su faceta musical. Una artesanía cercana a su labor poética pero distanciada de sus dos audaces novelas, El juego favorito (1963), editada en España por Edhasa, y Los hermosos vencidos (1966), en Ediciones B.
En realidad, solo sus contables se preocupan por separar ambas carreras, y lo hacen por motivos fiscales. Fuera del ámbito anglosajón, la difusión de sus obras literarias ha seguido a su impacto como estrella del pop culto. Es su sólida fama como cantor de dormitorio lo que explica que buena parte de sus poemarios estén disponibles en español a través de Visor. El propio editor, Chus Visor, se apresuraba a declarar ayer que Cohen es mejor poeta que cantante. Se unía así al coro de declaraciones claramente defensivas de miembros del jurado del Príncipe de Asturias, que parecían conscientes de que su decisión traería polémica.
Con todo, pocos creadores vivos concitan tanta simpatía, tanta unanimidad, como Cohen. Ciertamente, hay otro cantautor (¡y escritor ocasional!) de origen judío universalmente admirado. Pero Leonard es el antiDylan. Siempre ha mimado su repertorio, como evidencian sus cuidados discos en directo. Además, se mostraba accesible: aceptaba discutir sobre los motivos centrales de su obra (el enigma del deseo, el misterio de la espiritualidad, la herencia de su origen, la respuesta del individuo) ante un mundo avasallador. Cohen parecía disfrutar confrontando sus opiniones y asimilando las de su interlocutor. Unas semanas después, podía enviar una nota agradeciendo el encuentro y mostrándose abierto a continuarlo en el futuro. ¡El sueño de cualquier entrevistador!
Conviene hablar en pretérito, ya que el actual Leonard Cohen ya no está tan disponible para torneos coloquiales: con setenta y muchos años reserva sus fuerzas para sus conciertos, que suelen ser generosos. Siempre impecable en lo textil, sale a pelear como un gran seductor. Y eso que tiene al público de su lado. Los espectadores saben que, cuando abandonó el monasterio budista, ya rebautizado como Jikan, descubrió que su representante había saqueado su fondo de jubilación. Bajo sus instrucciones, ella había pactado una cifra millonaria a cambio de sus futuros ingresos como artista de Sony y compositor de canciones. En 2005 había desaparecido el grueso de sus ahorros y solo quedaba una cantidad mínima en la cuenta (apenas el doble de la dotación del Príncipe de Asturias, que son 50.000 euros). Al menos exteriormente, Cohen aceptó estoicamente el robo. No pudo recuperar el dinero y, qué remedio, volvió al directo, algo que le ha permitido conquistar a una generación que nunca le había visto actuar.
Hay que insistir en que, desde 1967, componer y cantar es su oficio principal, voluntariamente escogido. Era un poeta reconocido en el ámbito canadiense y un novelista de culto underground cuando aterrizó en Nueva York. Podía seguir viviendo, de manera austera, en la isla griega de Hydra, pero Leonard sospechaba que ya no tenía fuelle para otra novela y, además, quería formar parte de la gran insurrección de la contracultura.
Llegó tarde pero la belleza hipnótica de sus melopeas le ganó un contrato de grabación y un público considerable, considerando que -por edad y por look- parecía un intruso en aquel mundillo de hirsutos cantautores de la era hippy. Pero resultó tener más aguante que rockeros tipo Lennon: sobrevivió incluso a la aventura de grabar todo un elepé con Phil Spector (Death of a ladies man, 1977), cuando el productor resolvía discusiones agitando su revólver. Muchos de sus seguidores se sintieron ofendidos: no esperaban consejos del calibre de Don't go home with your hard-on (literalmente, No vuelvas a casa empalmado).
Aunque intentó remediarlo con Various positions (1979), los primeros años ochenta le vieron hundirse en un pozo profesional.En Reino Unido, era caricaturizado como el bardo de los estudiantes hipersensibles: "Hace canciones para cortarse las venas". En los Estados Unidos de Reagan, su audiencia casi se evaporó. Le salvó su público internacional, especialmente el europeo; al poco, su discográfica de toda la vida amplió su contrato para que también abarcara Estados Unidos.
Hoy Cohen acumula todo tipo de medallas y títulos. Excepto en su ciudad de origen. A mediados de los noventa, un periodista y un fotógrafo españoles volaron a Montreal, para confeccionar un reportaje sobre los lugares en los que creció. Las autoridades de Quebec sugirieron que tal vez sería más representativo seguir los pasos de una voz francófona: "Céline Dion es mucho más querida aquí". También se sentía la incomodidad en el barrio judío: los vecinos se negaban a señalar cuál era exactamente la residencia de la familia Cohen; Leonard parecía estar en alguna lista negra de los ortodoxos, por su reputación de mujeriego, bohemio e iconoclasta en general.
Imposible hacer entender a los nacionalistas de Quebec que precisamente Cohen, un judío atípico que abandonó Montreal a principios de los sesenta, era su creador más aplaudido en Europa. Tras el éxito de I'm your man (1988), con el himno insurgenteFirst we take Manhattan, el músico realizó giras multitudinarias por España. Sin olvidar la conexión con Federico García Lorca, que propició su visita a la casa de Fuente Vaqueros y, varios años después, su hermanamiento con el poeta granadino gracias aOmega, el inspirado disco de Enrique Morente.



 Sergio Pitol presentará Icaro Antología personal, en el CECUT

 


Tijuana, B.C.- En lo que constituye uno de los grandes acontecimientos culturales del presente año, el maestro Sergio Pitol visitará el Centro Cultural Tijuana, donde presentará uno de sus libros más recientes: Ícaro,antología personal de cuentos, el próximo viernes 3 de junio, a las 7:00 p.m., en el Domo IMAX.
El volumen es una compilación de narraciones breves, seleccionadas por su autor, el cual será comentado por Guillermo Quijas, director de la editorial Almadía, que lo publica; Leobardo Sarabia Quiroz, promotor cultural y director del Festival Interzona, y el escritor mexicalense Gabriel Trujillo Muñoz.
Ganador en 2005 del Premio Miguel de Cervantes, considerado el Nobel de las letras españolas, y doctor honoris causa por la UNAM, Sergio Pitol pertenece, junto con Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco, a la “generación de medio siglo”, llamada así porque sus integrantes comenzaron a publicar en los años 50.
Escritor, diplomático y traductor, Pitol es un polígrafo que lo mismo escribe cuento que novela y ensayo.
Reconocido por su trayectoria intelectual, tanto en el campo de la creación literaria como en el de la difusión de la cultura, especialmente en la preservación y promoción del patrimonio artístico e histórico mexicano en el exterior, Sergio Pitol es autor de una literatura de altos vuelos, que no ha sido ajena, sin embargo, a cierta experimentación, sin dejar de lado el rigor formal.
Precedido por la fama de ser uno de los libros más gozosos preparado por su autor, llega a Tijuana Ícaro, antología personal que  constituye una expedición osada y regocijante por el universo de Sergio Pitol”.
Además del premio Cervantes, Pitol ha recibido el Premio Xavier Villaurrutia 1981 por Nocturno de Bujara; el Premio Herralde de novela 1984 por El desfile del amor; el Premio Nacional de Lingüística y Literatura 1993 por su trayectoria; el Premio Mazatlán de Literatura 1997 por El arte de la fuga y el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo 1999, también por trayectoria.
Pitol se dio a conocer en el mundo de las letras con un volumen de cuentos titulado Tiempo cercado, de 1959, y desde ese texto hasta su publicación más reciente, Autobiografía soterrada, aparecida este año, Sergio Pitol tiene en su haber más de 25 volúmenes en su vida como escritor de cuento, novela y ensayo.
De su primera época como escritor, destacan los libros Infierno de todos (1965), Los climas (1966), No hay tal lugar(1967), El tañido de una flauta (1973) y Asimetría (1980), a los que siguieron Nocturno de Bujara (1981), Cementerio de tordos (1982), Juegos florales (1985), El desfile del amor (1985) y Domar a la divina garza (1988)
A los títulos anteriores es necesario añadir Vals de Mefisto (1989), La casa de la tribu (1989), La vida conyugal (1991), novela que fue adaptada al cine, El arte de la fuga (1996), que es un libro de ensayo-memoria, y La casa de la tribu(1996).
Con pocos años de diferencia publicó Todos los cuentos más uno (1998), Soñar con la realidad (1998), El viaje (2000),Todo está en todas las cosas (2000) y De la realidad a la literatura (2002)
A lo largo de los últimos años han aparecido diversas compilaciones de sus textos como los tres tomos de sus Obras reunidas, aparecidos entre 2002 y 2004, además de otros textos como El mago de Viena (2005), Trilogía de la memoria(2007), que agrupa El arte de la fuga, El viaje y El mago de Viena; Ícaro (2007) y Autobiografía soterrada (2011).
“ Si la literatura invita al viaje, los libros de Sergio Pitol ofrecen una fuga a un continente firme, rico y vasto, de cuyo recorrido sus lectores siempre hemos vuelto con el espíritu renovado”, señala el texto de presentación del libro que comentará en el CECUT.

Ícaro constituye una expedición osada y regocijante por el universo de Sergio Pitol”, apunta la editorial Almadía y precisa: “En esta antología personal, uno de los escritores indispensables de las letras hispánicas nos guía por las piezas clave de su obra.
Sueños, desapariciones, hallazgos, escenarios extraños y desconcertantes en cada uno de los cuales se dispuso con mano maestra un enigma acuciante.
“De algunos de sus mejores cuentos, como son ‘La pantera’, ‘Cementerio de tordos’ y ‘Nocturno de Burjara’ transitamos a una novedosa recopilación de textos que saltan alegremente del ensayo al relato, atravesando y renovando lo que creíamos era el territorio ya conocido de la realidad.
“Escrita con una pasión inconfundible, la prosa de Pitol no sólo realiza un balance de algunas de las lecturas que han contribuido a formar el centro de su estilo, sino que confiesa algunos de los episodios más entrañables y divertidos de su vida”, señala la presentación del volumen publicado por Almadía.
“En cada una de las páginas de Ícaro”, añade el texto, “el lector se verá deslumbrado por el encanto y la sensibilidad inigualables del narrador mexicano y los misterios que discretamente nos ofrece, como el que alguien, creyendo imaginar una obra de ficción está descubriendo una atroz verdad.
En esta antología, la más gozosa que ha preparado Sergio Pitol a la fecha, se encuentra el mapa de una forma literaria, un viaje iniciático a la gran literatura”.
La entrada a la presentación del libro del maestro Pitol es libre. Si está interesado en el resto de nuestras actividades, lo invitamos a consultar nuestro portal www.cecut.gob.mx

No hay comentarios:

Publicar un comentario